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SENTENCIA IMPORTANTE CONTRA LOS ABUSOS DE LAS ASEGURADORAS

Tras una larga batalla nuestro cliente ha obtenido una sentencia favorable, en la que se condena al causante y a una importante compañía aseguradora a abonarle una indemnización por todos los daños y perjuicios sufridos, y al pago de los intereses correspondientes, sumamente cuantiosos.
El cliente es un profesional muy reconocido dentro de su sector, el de la música, y hacía años que venía padeciendo una situación intolerable en su negocio, viendo como una y otra vez las temidas filtraciones hacían acto de presencia y le dañaban su valiosa mercancía, asistiendo impotente a estos acontecimientos. La secuencia de los hechos era siempre la misma: tras la entrada de agua al local daba parte a su compañía, que no le cubría los daños por no ser la responsable, y al causante y su compañía aseguradora, que sistemáticamente eludía su responsabilidad con excusas y evasivas, probablemente para que el tiempo fuera pasando y las acciones pudieran llegar a prescribir.
Harto de la situación, decidió poner el asunto en manos de profesionales. Extrajudicialmente conseguimos que el causante reparara la causa de las filtraciones de agua a su local, y que la aseguradora asumiera su responsabilidad, pero abonaron una suma considerablemente inferior a la que el perjudicado tenía derecho, y que, por tanto, tan sólo fue aceptada como «pago a cuenta» por parte de éste, reservándose las acciones legales para reclamar la indemnización oportuna.
En el procedimiento judicial la aseguradora se limitó a «sembrar dudas» sobre el perjudicado, aportando un informe privado de investigación que, como bien reconoce el juzgador en su sentencia, «carecía de toda base y sustento». Así pues, entre otras cuestiones, se ponía en duda el origen de la mercancía, la propiedad de la misma, el origen de los daños, e incluso su existencia; como bien recoge la resolución judicial, nada de lo alegado por la aseguradora constaba debidamente acreditado, a diferencia del amplio material probatorio aportado por el perjudicado para fundamentar sus pretensiones indemnizatorias, y los testigos que comparecieron al acto del juicio, muchos de ellos profesionales también muy reconocidos dentro del sector.
Respecto a la tasación de la mercancía, el juzgador acogió mayoritariamente las conclusiones del dictamen elaborado por el perito del perjudicado, sumamente riguroso, a diferencia de los aportados por los peritos de la aseguradora; en base al mismo, y teniendo en cuenta el valor de la mercancía afectada, algunas de ellas «piezas únicas en el mercado», no estimó la solicitud de la aseguradora de aplicar un porcentaje de depreciación por su antigüedad, dado que precisamente ésta circunstancia era la que hacía que se revalorizara con el tiempo, estimando también acreditada la existencia de los daños y el origen de los mismos.
La aseguradora fue condenada a pagar una indemnización que triplicaba la inicialmente abonada al perjudicado, y al pago de los intereses previstos en el artículo 20 de la Ley de Contrato de Seguro, destinados a penalizar por mora al asegurador, que en el presente caso ascendían a más de 30.000 euros, habida cuenta del largo tiempo transcurrido sin solucionar la causa.
Con ésta resolución judicial no sólo se consigue una indemnización justa, sino que se penaliza al causante y su aseguradora por haber mirado hacia otro lado y eludido sus responsabilidades.